Por qué el plan de regreso a clases de la SEP pinta para ser un fracaso

De nueva cuenta las prisas y la improvisación dejan ir una gran oportunidad para el país, ahora en materia de educación: el desprecio de las tecnologías digitales para sellar un acuerdo poco claro con las televisoras privadas y la ausencia de un modelo educativo bien definido perfilan un nuevo fracaso en este sector

La expectativa era grande, unos días antes se había anunciado que el secretario de Educación, Esteban Moctezuma Barragán haría un anuncio importante sobre el regreso a clases para el ciclo 2020-2021; las especulaciones no se hicieron esperar y pasaron desde la cancelación del ciclo escolar hasta que los cursos iniciarían como terminaron: de manera a distancia. El pasado 3 de agosto esto último es lo que se anunció, aunque la forma elegida ha generado polémica: por televisión.

La decisión llama poderosamente la atención, primero, porque se está hablando de un monto de 450 millones de pesos que se pagará a cuatro televisoras privadas para desarrollar y transmitir contenidos educativos en sus canales, aunque no se han dado detalles de los compromisos, y en segundo lugar porque en pleno 2020, con todo el desarrollo tecnológico digital de Internet y el avance en los estudios educativos centrados en el uso de estas plataformas, sorprende que la decisión haya recaído en un medio que no permite las mismas ventajas.

La opción digital, descartada

En el ámbito educativo la tendencia mundial va dirigida al uso e implementación de la tecnología en la escuela como parte del desarrollo de competencias digitales que se volverán indispensables en un futuro cada vez más ácercano; incluso, algunos países ya integraron materias sobre elementos básicos de programación de software en niveles de primaria y secundaria.

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Para los alumnos de educación preescolar y básica existen una gran cantidad de aplicaciones que se pueden consultar en línea o a través de dispositivos móviles y que, además, son gratuitas como Khan Academy una plataforma que se centra en el aprendizaje de las matemáticas desde preescolar hasta sexto semestre de bachillerato así como algunas ciencias “duras” como física, química o biología e incluso cuestiones como economía.

Para el aprendizaje de idiomas hay todavía más opciones destacando Duolingo o Busuu que si bien es cierto son de paga, el costo anual por el uso del servicio y los cursos es mucho menor al que tienen, por ejemplo, las clases presenciales en centros especializados para idiomas.

El tema con estos cursos, y en general con la educación a distancia, es que el mayor peso del aprendizaje recae en el estudiante (o sus padres, según la edad) y su capacidad de adquirir conocimiento, en tanto que en el modelo presencial el mayor peso recae en el docente y su habilidad para transmitir el contenido educativo necesario para cada etapa.

Por ello es que en el mecanismo a distancia el modelo que más fuerza está adquiriendo es el conocido como “aula invertida” (flipped classroom en inglés) que implica mayor involucramiento del estudiante en su proceso formativo, lo que en el caso de educación básica y media básica significa que los padres asuman un parte de esta responsabilidad.

En este sentido no hay cambio respecto a si se trata de clases en línea o por televisión, es inevitable que los padres de familia se tengan que involucrar mucho más en el proceso educativo de sus hijos con la gran diferencia de que al hacerlo a través de la televisión el modelo obliga a la sincronía de los estudiantes con el momento en que se está transmitiendo la sesión, mientras que los modelos en línea, puede favorecer este esquema o presentar la posibilidad de estudiar en un momento en el que los padres puedan dedicar tiempo a sus hijos de mejor manera a partir de ajustar sus respectivos horarios.

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El modelo digital, además ofrece la ventaja de la interacción entre el docente y el alumno de manera bidireccional, ya sea en el momento de la clase o posterior, incluso abre la posibilidad una formación más personalizada al poder identificar faltas muy puntuales en los estudiantes y darle más opciones para superarlas, elementos clave que la televisión no puede ofrecer; pese a todo, este ha sido el mecanismo elegido por la SEP para el regreso a clases.

Mayor alcance y cobertura: un mito

El argumento más común para descalificar el uso de internet frente a la televisión es el del alcance y cobertura. El imaginario colectivo nos hace creer que es mejor la televisión porque llega a más personas, pero en cuanto revisamos los estudios a disposición la perspectiva puede cambiar drásticamente.

El último Estudio de los Hábitos de los Usuario publicado por la Asociación de Internet MX es el de 2019 (aunque normalmente los estudios se presentan en el mes de mayo de cada año, el correspondiente a 2020 no se ha publicado), en este se indica que para 2018 el alcance de internet era de 82.7 millones de personas, una cobertura de 71 por ciento en habitantes mayores de 6 años.

Las cifras oficiales son más moderadas, según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2019 presentada por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel) en febrero de 2020, la cobertura de Internet el año pasado alcanzaba 80.6 millones de usuarios, equivalente a 70.1 por ciento de la población de 6 años o más.

Se derrumba la hipótesis de que la cobertura de Internet está muy por debajo de la que alcanza la televisión –que en realidad debe ser la de televisión digital terrestre (TDT)–, de hecho es muy similar si consideramos que se incrementó el consumo de internet debido a la pandemia

Según la propia ENDUTIH 2019, el alcance de la televisión es mayor, llega a 92.5 por ciento de los hogares, en los cuales 76.5 por ciento tienen al menos un televisor de tipo digital (que reciben señal de TDT). Tomando en consideración que las televisoras usaran sus canales multiplexados para la transmisión de los contenidos educativos, la cobertura real de la televisión para la población que podrá acceder a los contenidos educativos transmitidos por la SEP es de alrededor de 82.7 por ciento de la población.

La diferencia no es tan grande una vez que distinguimos el tipo de señal y los canales que se usarán para la transmisión, pero hay un dato todavía más revelador: en cifras mencionadas por el propio secretario Esteban Moctezuma, la cobertura educativa de nivel básico y medio básico (preescolar, primaria y secundaria) es de 30 millones de estudiantes, si el alcance de Internet en México es de 80 a 82 millones de personas y de TDT alrededor de 100 millones, la cobertura educativa por cualquiera de ambos medios es muy similar y supera en números globales el tamaño de población que se pretende alcanzar.

En términos porcentuales, el informe 2019 “La educación obligatoria en México” presentado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) revela que las escuelas públicas cubrían 90 por ciento de la matrícula de primaria, 85 por ciento de preescolar y 80 por ciento de secundaria; como puede verse, el modelo presencial tampoco es garantía de la cobertura universal de la educación.

Revisados estos números, en comparativo, se derrumba la hipótesis de que la cobertura de Internet está muy por debajo de la que alcanza la televisión –que en realidad debe ser la de televisión digital terrestre (TDT)–, de hecho es muy similar si consideramos que se incrementó el consumo de Internet debido a la pandemia, lo que hace cuestionarnos las razones por las cuáles se optó por un medio que no permite la interactividad entre estudiantes y maestros como sí lo hace la tecnología digital.

Además, el uso adecuado de las tecnologías digitales no representa, en estricto sentido, una pérdida en la cobertura de la educación que brinda el modelo presencial, incluso podría ser una solución para brindar un mejor nivel en muchas comunidades, esto debido a que, según el informe del INEE, 32 por ciento de las escuelas de educación básica son multigrado (alumnos de muchos niveles en una misma aula) en tanto que estos podrían integrarse a grupos de su mismo nivel con maestros en línea.

Las ganadoras: las televisoras privadas

Como se mencionó párrafos arriba, el gobierno federal pagará 450 millones de pesos a las televisoras, según el presidente Andrés Manuel López Obrador, se trata de una “cuota mínima” para cubrir gastos de operación que, en términos menos eufemísticos significa que se pagará por el tiempo aire de las televisoras para la transmisión, por lo que se sabe, cubierto hasta diciembre de este año y no solo eso, también se quitará tiempo aire a los partidos para este fin.

Dice el refrán que “el diablo se oculta en los detalles” y ahí es donde está la trampa. Ya habíamos mencionado que la transmisión de los contenidos educativos se realizará en canales multiplexados, es decir que el 2.1 (por ejemplo) seguirá con sus transmisiones normales de “Las Estrellas” mientras que quizás un 2.2. o 2.3 llevarán la programación de la SEP, lo que obliga a los usuarios a tener televisores digitales con capacidad de sintonizar estos canales, de lo contrario será inútil intentar conectarse.

Los 450 millones de pesos mencionados representan más de 20 millones de dólares, con lo que bien se habrían podido pagar cuentas de Zoom a todos los maestros o invertir en plataformas digitales de administración de grupos como Schoology o Blackboard (evaluaciones incluidas) o en el pago a las empresas proveedoras de internet para que las páginas de estas plataformas fueran gratuitas en México o un poco de todo (se vale soñar).

Pero no únicamente eso, con el solo anuncio de que las televisoras recibirán esta inyección de recursos por parte del gobierno federal, las acciones de estas empresas aumentaron considerablemente (13 por ciento para Televisa y 7.35 por ciento para TV Azteca) lo que implica una ganancia extra a los 450 millones de pesos que otorgará el Estado mexicano por la transmisión.

Es cuestionable que, una vez que se tomó la decisión de usar la televisión como herramienta educativa, no se considerara que la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México, AC (RED México) pudiera realizar tanto la producción de contenidos como llevar la batuta de la transmisión y solo se les hiciera un llamado (casi una instrucción) a sumarse a la señal de las televisoras privadas.

Es cierto que las televisoras públicas tienen múltiples carencias económicas y de equipo pero precisamente eso ha generado que sus fortalezas incluyan producciones más creativas, además de que están especializadas en contenidos culturales y educativos. Lo que acaba de hacer el gobierno es el equivalente a alguien que tiene un hijo parrillero que contrata a un repostero porque va a hacer una parrillada.

Otra ganancia que tendrán las televisoras será una gran audiencia cautiva durante las transmisiones ¿se les permitirá incluir comerciales? ¿De qué tipo? ¿Retransmitirán las televisoras públicas estos anuncios o se verán forzadas a interceptarlos para no violar la ley? Y lo más interesante, ¿le están apostando las televisoras privadas a ganar una audiencia futura a partir de acostumbrar a padres e hijos a ver televisión por mucho tiempo?

No es sencillo determinar lo que pasará pero lo cierto es que en el escenario mediático la audiencia televisiva venía a la baja respecto a competidores que cumplen mejor con las expectativas de las audiencias como el video bajo demanda (VOD por sus siglas en inglés) que ha llevado a las televisoras de todo el mundo a replantearse el modelo de negocio y, al mismo tiempo, ha permitido la entrada de nuevos actores en el proceso de producción.

Hacia el futuro: presentes los fantasmas del pasado

El secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma, declaró en una de sus últimas conferencias que con esta decisión esperan un 94 por ciento de éxito, claro que no definió los parámetros para determinar este éxito y, por lo tanto, tampoco para saber si en realidad es un fracaso.

Lo cierto es que en el contexto educativo hay muchas dudas en el aire que no han sido resueltas: si la herramienta de la educación a distancia será la televisión ¿qué modelo educativo se estará utilizando para llevar a cabo el objetivo de aprendizaje de los estudiantes de nivel básico? ¿Cuál será el papel de los padres en este proceso? ¿Estarán los docentes suficientemente preparados para atender esta demanda?

Este ciclo escolar evidentemente tiene un factor político importante. Esteban Moctezuma es uno de los principales candidatos a la gubernatura de San Luis Potosí pero podría estar caminando sobre hielo quebradizo si el esquema planteado para el regreso a clases a distancia no cumple con los resultados prometidos, además de que la elección en ese estado será en 2021 y quizás deberá decidir si abandonará la SEP en un momento complicado.

A la decisión tomada, todavía hay que sumarle un punto en contra: los horarios de transmisión en las televisoras. Esteban Moctezuma aseguró que las barras programáticas y los canales se informarán el domingo 16 de agosto y que al día siguiente se publicarán los horarios completos de todos los niveles en la página de Internet de la SEP, no obstante ya circulan algunas versiones no oficiales en las redes sociales que presentarían algunos problemas.

La situación principal radica en que se estarían transmitiendo programas para distintos niveles en distintas televisoras al mismo tiempo, esto significaría que una familia que tuviera más de un menor en casa podría enfrentarse a la necesidad de tener varios televisores digitales, más aún, si el un estudiante se pierde una transmisión ¿tendrá posibilidad de recuperar la clase a través de un mecanismo VOD?

Una de las ventajas de la educación en medios digitales es que ofrece la oportunidad de repasar una clase si esta ha sido grabada y se encuentra disponible en alguna aplicación VOD como Youtube o Vimeo o alguna plataforma propia de la escuela pero la televisión no brinda esa posibilidad, si los horarios comenzarán a las 8:00 de la mañana, habrá que enfrentarse a que haya niños que tomen su clase en pijama y desde su cama y que no salgan de ahí sino hasta dos o tres horas después, lo que generaría un hábito en el menor en caso de hacerlo por mucho tiempo.

En contraparte, quienes tengan su clase hasta las 11:00 o hasta las 13:00 ¿qué harán durante la mañana? ¿despertarán hasta ese horario? ¿Cuáles serán las actividades complementarias a los cursos de televisión? Más aún, en una familia donde ambos padres trabajan ¿se puede esperar que los hijos se conecten a la clase por televisión sin supervisión teniendo la oportunidad de ver o hacer cualquier otra cosa en casa?

La propuesta presenta muchas lagunas e indefiniciones pero será hasta el momento que arranque cuando se sepa si podrá cumplir con las necesidades; no podemos olvidar que el nivel educativo del modelo presencial en México no es algo que se pueda presumir: el INEE indica que solo 15 por ciento de los niños que egresan de primaria tienen nivel Satisfactorio y apenas 3 por ciento alcanzan Sobresaliente en “Lenguaje y comunicación”, contrario a lo que podría pensarse, “Matemáticas” tiene un resultado ligeramente mejor 15 por ciento en Satisfactorio y solo 8 por ciento con Sobresaliente; muy lejos del “94 por ciento de éxito” esperado del modelo a distancia por televisión.

Del otro lado de la escala, prácticamente la mitad de los estudiantes que terminan el nivel primaria (49 por ciento) obtiene un nivel de evaluación de No Satisfactorio en “Lenguaje y comunicación” y uno de cada tres (33 por ciento) alcanza apenas el nivel Básico; en “Matemáticas” las cosas son aún peor: 59 por ciento se encuentra en nivel No Satisfactorio mientras que 18 por ciento logra tener un nivel Básico.

El reto que enfrenta la SEP es grande y todo apunta a que se dejará ir una extraordinaria oportunidad para perfilar la educación del país (y por ende de los menores) hacia un futuro más tecnológico; por el contrario, se asoman los fantasmas del pasado y tal parece que el escenario deja todo, de nueva cuenta, en manos de los ignorados de siempre: los maestros, que de manera individual gracias a su vocación, preparación personal, voluntad y sacrificio cargarán con la responsabilidad de sacar adelante a esta nueva generación; incluso, si es necesario, en contra de las decisiones de la propia SEP.

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