Sí, es culpa de los medios

Una pregunta no tan inocente que resultó no ser tan mala pero que terminó por poner una reportera en el ojo del huracán de las redes sociales, abre la puerta a reflexionar sobre las acciones de los medios y su impacto en el periodismo y la sociedad

En estos días se volvió viral la pregunta que Sarahí Uribe, la reportera de El Sol de México, le realizó al subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud del gobierno federal, Hugo López-Gatell:

Momento en que Sarahí Uribe hace su pregunta

Como se ha vuelto costumbre en lo que va de la actual administración federal, en redes sociales se inició una campaña de descalificación en contra de la reportera que, como se observa en el video, se vio sorprendida por la respuesta de López-Gatell quien ha demostrado que recibió su correspondiente entrenamiento de medios (que no está mal, por cierto, a final de cuentas él es el vocero del gobierno sobre el manejo de la pandemia).

El ataque a Sarahí Uribe se suma a muchos otros que ocurren cuando algún periodista lanza alguna pregunta incómoda a cualquier personaje del gabinete y los fieles seguidores del lopezobradorismo se apresura a culpar a los medios de comunicación, acusándolos de querer desestabilizar al gobierno llegando a fraguar teorías conspiranóicas como que todos los medios del mundo se organizan para publicar cosas contra la administración de López Obrador.

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En lo que sí tiene razón la gente es en culpar a los medios de la situación informativa que se vive en el país y de que situaciones como esta sean aprovechadas para distraer de una pregunta que claro que tiene valor periodístico e interés social: ¿el responsable del manejo de la contingencia sanitaria por los contagios de Covid-19 está mintiendo con las cifras o nos está diciendo la verdad?

En el análisis periodístico es más que interesante que en su salida del atolladero, López-Gatell no respondió si está mintiendo o no sobre las cifras que da todos los días en su conferencia de las 19:00, valdría la pena volver a preguntar si miente o no, aunque su respuesta evidente será que no lo hace, lo que diga para sustentarlo es lo que lo vuelve interesante.

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Pero retomando el punto, claro que los medios son culpables de la mala calidad de información que recibimos todos los días en periódicos, estaciones de radio, canales de televisión y digitales; es la consecuencia inevitable de los movimientos que realizaron a finales de 2018 y principios de 2019 cuando, tratando de ganare los favores de los recién llegados al poder, hicieron corredera de personal, principalmente reporteros experimentados.

De este hecho quedó evidencia en un gran texto firmado por Luis Guillermo Hernández en SextaW titulado “Apocalipsis de los medios” en el que describe este fenómeno en 2019 (curiosamente publicado también el 6 de mayo, justo un año antes de la pregunta de Sarahí Uribe) y cómo, en una charla con un colega recién despedido, le explica la necesidad de reinventarse porque los medios, en esta actualidad, no le iban a abrir las puertas de nueva cuenta.

Un mismo horizonte chato. La misma mirada gris. Entre más obediente, más idóneo el periodista. Entre menos crítico, más de confianza para la mayoría de los medios tradicionales. Entre más mecánico, mejor el trabajo periodístico. Y sólo unas cuántas y simbólicas excepciones a esa regla.

Luis Guillermo Hernandez. “Apocalipsis de los medios”

Sí, es culpa de los medios que por motivos empresariales o políticos (para quedar bien con la nueva administración) decidieran recortar de sus plantillas a los reporteros con mayor experiencia profesional, los que saben cómo reaccionar ante una respuesta preparada y entrenada como la dada por Hugo López-Gatell a Sarahí Uribe, los que cobran más porque saben qué hacer en el momento y además saben cómo y qué informar.

Esto no significa necesariamente que Sarahí Uribe no esté preparada para ser reportera, pero sí fue evidente que se vio sorprendida ante la respuesta de López-Gatell y le faltaron “tablas” para reaccionar; a grado tal que terminaron “brincándosela” pasando a otra pregunta sin que le hayan contestado su pregunta y sin posibilidad de repreguntar o intenciones de exigir que le respondieran.

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En este proceso de no saber qué esperar de López Obrador y Morena (si habrá contratos de publicidad, si los considerarán en estos, si habrá organización de boicots publicitarios, etc.), muchos medios le han apostado a reducir sus costos de operación y en esa dinámica contratan reporteros inexpertos, prácticamente, recién salidos de las escuelas, con sueldos mucho más bajos (que un reportero experto ya no aceptaría) sin antigüedad ni idea del mundo profesional. La consecuencia es también la falta de experiencia, ya no digamos en la redacción/presentación de la información, sino en la búsqueda de la nota y la identificación de lo más relevante.

Para colmo, las escuelas no tienen posibilidad de preparar correctamente a los futuros periodistas porque el periodismo se basa en cuestionar, en dudar, en buscar la visión apocalíptica (en el sentido de Umberto Eco) de cada tema y las escuelas prefieren y fomentan la formación de alumnos tranquilos, receptivos, que no cuestionen, que no exijan, integrados (igual, en el sentido de Eco), dos visiones que no compaginan.

Las redacciones dejaron de ser hace mucho tiempo el centro de formación de los periodistas del futuro, se convirtieron en jaulas de egos, donde el recién llegado se siente que lo sabe todo, con el mismo nivel y valor profesional que el que tiene 15 o 20 años en el ejercicio y que por lo mismo sabe que aún debe aprender y prepararse más, donde la información se ha dejado en segundo término porque lo importante es el volumen (la cantidad de notas que se puedan hacer en un día) o las habilidades para manejar la grabadora, la cámara y grabar video, todo al mismo tiempo y pro la misma persona.

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La culpa es de los medios, que le apostaron a mantener la empresa sacrificando el negocio de informar y con ello dilapidan cada día su valor más importante: el prestigio y reputación que solo puede brindar la calidad informativa: ¿cómo no dudar de ellos si un día dicen una cosa y al otro cambian? Si lo único que ofrecen son reproducciones casi facsímiles de las declaraciones cualquier funcionario, que por demás llegan de forma directa en comunicados, boletines y versiones difundidas directamente por las dependencias.

Los reporteros a modo no son solo los que hacen preguntas fáciles y al gusto de los funcionarios, también lo son aquellos que no saben preguntar, que se intimidan, que pierden el epicentro de la nota cuando los sacan de balance (que se permiten ser sacados de balance), que se dejan influir por la opinión que las redes sociales tengan de ellos, que se metieron al oficio de reportero porque no encontraron otra cosa y, peor todavía, no se preparan correctamente para ejercerlo; tristemente, bajo esta lógica, reporteros a modo ya hay muchos en la calle.

Sí, los medios tienen la culpa de la falta de información confiable, de que la gente ya no les crea; cedieron su lugar como cuarto poder (no se los arrebataron, lo entregaron “en bandeja de plata”) y se convirtieron en una voz desempedrada y sumisa que apenas se queja recibe el regaño y se agazapa a la orden del amo en turno. Curioso que en la era de la información sean las empresas dedicadas a ello las que menos estén entendiendo lo que tenían y lo que están dejando ir.

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